lunes, 13 de julio de 2015

Mi tierra es entre montañas que guardan grandes historias, tienen huellas de los indios,de los guerrilleros y militares también,su selva de yungas es muy tupida y verde,un verde intenso por la humedad del ambiente,ellas no están tan pobladas así que uno puede ser parte de la naturaleza,disfrutar del silencio repleto de trinos extraños.
La gente de montaña es sencilla,y es amable algo que en la ciudad se ve poco,cuando te ven te saludan cordialmente,así que uno se siente bienvenido.
Los sentires que me invaden en esos cerros son indescriptibles,me siento en mi escencia , en mi lugar en el mundo.
Al regresar a casa,al miedo diario por la creciente inseguridad ,da gusto cerrar los ojos y oler al cerro,reir de nuevo con las hazañas familiares en ellos,ver en el alma los verdes de cada planta,recordar los animalitos vistos,los pájaros etc.Son mi fuente de energía,no podría vivir lejos de ellos,son míos y yo soy de ellos.
No nací en Tucumán,vine cuando apenas tenía una año,mamé cerros,caminé en esta tierra tan bonita,que antes era así incluso en la ciudad,las ventanas siempre abiertas,la gente era tan cordial,lamento que el miedo nos haya vuelto desconfiados,individualistas.
De chica se jugaba en las veredas ,todos los vecinos felices ,las mamás se ponían al día en chismes y nosotros nos divertíamos mucho,cuando llegaba la navidad se cerraban las calles y todos los vecinos celebrábamos juntos, en carnaval igual,nadie se enojaba si lo mojábamos o tirábamos harina!.
Cambiamos no para bien,el progreso tiene esas cosas,más en el cerro todo es igual.
Por eso los amo! comer tortilla de rescoldo y mandarinas en el cerro es lo más! y si se puede un asadito en las parrillas que hay en la ruta mejor aun!
Cuando los dejo,me pasa como en la zamba del grillo que dice:Al regresar a los llanos yo le iba diciendo mi adiós al cerro!.